Mariana Chiesa Mateos

Due to the pandemic, along the confinement many invitations, calls, and varied proposals for artistic participation in the virtual modality arrived.

Among the most interesting proposals was “Performances of confinement”, a happy and clever idea, a generous and collective project conceived by Ariadna Pastorini, to whom I am deeply grateful for the invitation to participate. 

“Confinement Performances” is also an exhibition space, a place for meetings. Ariadna not only summoned artists for this expansive project, but after us sending the first actions (in the form of videos), for a second phase of the project she invited us to meet (via Instagram). Blind dates among strangers… She proposed meetings across geographies, making use of the new network modalities, generating public conversations.Ariadna works as an artist, hostess, curator, matchmaker, offering not only a platform in continuous expansion, but also the possibility of a relationship between the participants. She promotes the works of others, offering the opportunity to share links, and at the same time, be part of the conversation. In a third phase, she proposed even shorter video recordings to manifest ourselves in relation to the quarantine…At first, I imagined scenes and discarded ideas in the hope that I would come up with something suitable and that it all would emerge from desire. I wanted a sign to appear to do something satisfactory. How to place the body in a moment when the body should be confined? When you can’t leave a space? The body as a territory, an instrument, a tool. Mediated by video, through the use of the cell phone. My participation consisted of two performances and a conversation that could not be recorded, so it was ephemeral.

Personally, I questioned the appearance of the body in these virtual spaces, where the level of exposure is always higher and is so required in these days.

My ambivalent relationship with isolation precedes the pandemic, since I live geographically isolated and far from a urban center, so it was inevitable not to feel a little embarrassed in the face of what appears to be a privilege, in these forced circumstances. I was uncomfortable with the idea of exhibiting my relationship with the open space around me. That’s why I chose to develop the actions inside the garage that has become the studio from where I work and which has also been my room for the past 12 years, in a house that I live temporarily.

I found on my worktable, a print of a skull in canvas, which generated the subsequent actions.  The first gesture was to take the cloth toward my face and cover it with the print as a mask. I have used  masks in other performances. To be covered has allowed me to be somebody else, the one below, in this case showing some of the imagined bone under the flesh. At the same time, the mask was being transformed into a mouthpiece, and showed a stamped smile… From this onwards, I began to talk about what I had read and heard in relation to possible causes of the pandemic, during the first weeks, when texts, narratives, opinions and analysis from different perspectives and knowledge overflowed… The virus as a consequence of human action. The zoonosis. I considered the fact that I live in the territory where the radio was originally born (Sasso Marconi, in Italy) as part of the action. Therefore, talking about the way I did it, I seemed like a radio broadcaster. This is why I called the performance Radio Garage.  I  invented a guest speaker, using a toy skull with whom to talk, a kind of quote to Yorick, Hamlet’s jester… And  everything I was doing  had to be done with one hand, since with the other I had to hold the phone and film myself…

I was interested in performing with a sense of humor, because of the gravity of the situation, added to the impotence of being far from my mother, all which provoked in me the desire and the will to make people laugh. From that place onwards, there was no shame or embarrassment whatsoever.

All was made with the intention of provoking a serious laugh, without fear of ridicule. The second performance, in which I used a song by El Milano, was a consequence of the first one, a musical moment from a queer perspective. In this case, the mask was a moustache and the action were an interpretation of the lyrics of the song “Una persona Sola”. Singing, turning in circles. Alone but with my other selves from the garage.

Junto al confinamiento por la pandemia surgieron invitaciones, convocatorias, y variadas demandas de participación artística en modalidad virtual.

Entre las propuestas más interesantes está “Performances de encierro”, idea feliz e inteligente, un proyecto generoso y colectivo ideado por Ariadna Pastorini a quien agradezco profundamente la invitación a participar.

“Performance de encierro” es también espacio expositivo, lugar de encuentros. Ariadna no solo convocó a artistas para este proyecto expansivo sino que luego del envío de las primeras acciones, en una segunda fase del proyecto nos invitó a encontrarnos. Citas a ciegas entre desconocidos…Propuso encuentros atravesando geografías, haciendo uso de las nuevas modalidades en red, generando conversaciones públicas.

Ariadna oficia de artista, anfitriona, curadora, celestina, ofreciendo no solo una plataforma en continúa expansión sino una posibilidad de relación entre los participantes. Dando a conocer las obras de los otros, ofreciendo la oportunidad de compartir vínculos y de ser al mismo tiempo partícipes de las conversaciones. En una tercera fase propuso registros en video aún más breves para manifestarse en relación a la cuarentena…

Al principio imaginé escenas y descarté ideas esperando se me ocurriese algo adecuado y que surgiese del deseo. Pretendía apareciese una señal para hacer algo propicio.

Cómo poner el cuerpo en un momento en el que cuerpo debe estar confinado? En que no se puede salir de un lugar?
El cuerpo territorio, instrumento, herramienta. Mediatizado por el video, a través del uso del teléfono celular.
Mi participación constó de dos performances y una conversación que no pudo ser registrada, con lo cual  tuvo un carácter efímero.
En lo personal me cuestiono la aparición del cuerpo en estos espacios virtuales donde el nivel de exposición es siempre más alto y resulta tan requerido en estos tiempos.

Mi relación ambivalente con el aislamiento es anterior a la pandemia, ya que vivo geográficamente aislada, lejos de un centro urbano, con lo cual fue inevitable no sentir un cierto pudor ante lo que aparece como privilegio en estas circunstancias obligadas. Me incomodaba la idea de exhibir mi relación con el espacio abierto que me rodea. Por eso elegí desarrollar las acciones en el interior del garaje devenido taller donde trabajo y que es mi cuarto propio desde hace 12 años en una casa que vivo como transitoria.
Fue el hecho de encontrar sobre una mesa de trabajo, una estampa sobre tela de una calavera, lo que generó las acciones posteriores.  El gesto primero, fue llevarme a la cara el trapito y cubrirme con la estampa a modo de máscara. De la máscara hice uso en otras performances, estar cubierta me permitía ser otra, la que está abajo, en este caso mostrando algo del hueso imaginado debajo de la carne. Al mismo tiempo la mascara se transformaba en tapaboca, y mostraba una sonrisa estampada…A partir de esto empecé a hablar acerca de lo que había leído y escuchado en relación a causas posibles de la pandemia, en las primeras semanas, cuando sobreabundaron textos, narrativas, opiniones y análisis desde distintas perspectivas y conocimientos…El virus como consecuencia de la acción humana. La zoonosis.

Consideré el hecho de vivir en el territorio donde había nacido la radio (Sasso Marconi, en Italia) parte de la acción. Y que hablando del modo en que lo hacía parecía una locutora de radio. Por eso llamé la performance Radio Garaje, y me inventé una interlocutora invitada, usando una calavera de juguete con quien conversar, una especie de cita a Yorick, el bufón de Hamlet…Y todo debía hacerlo con una sola mano, ya que con la otra tenía que sostener el teléfono y filmarme…

Me interesaba accionar desde el humor ya que la gravedad de la situación sumada a la impotencia por estar lejos de mi madre, provocó en mi el deseo y la voluntad de hacer reír. Desde ese lugar no había pudor ni vergüenza posibles.
Con la intención de provocar una risa seria, sin temor al ridículo. La segunda performance, con canción de El Milano fue una consecuencia de la primera, un momento musical desde una perspectiva queer. En este caso la máscara fue un bigote y la acción una interpretación de la letra de la canción “Una persona Sola”. Cantando, girando en círculos. Sola pero con mis otros yo desde el garaje.